A Patricio Más le gusta pasear por el Polígono Industrial las Nieves de Móstoles cuando tiene algún problema o come come en la cabeza, aún siendo como es empadronado y residente de lunes a domingo en Talavera de la Reina. Dice que errar por allí le relaja y oxigena y así puede reflexionar mejor. Aquel día Patricio, deshollinador de oficio, astronauta aficionado y moroso hipotecario a la sazón, barruntaba en aquellas latitudes una posibilidad que pudiera solucionar los problemas económicos que tenían acorralada a su familia. Se estaba planteando seriamente la posibilidad de acudir a una Requetefinanciera ultraglobal de la que le había hablado muy bien un cuñado que trabajaba en el ambiente broker del parqué de Madrid, limpiando precisamente el parqué. Patricio estaba gestionando sus deudas y créditos actualmente a través de una financiera global a secas y se estaba pensando dar el paso hacia la requetefinanciación porque veía que no llegaba con el crédito unificado que había subrogado hacía unos meses. Su ministerio de artesano deshollinador estaba en franco declive debido a la amenaza digital y sus ingresos se habían visto mermados por esta circunstancia en los últimos meses.
En esas estaba cuando reparó en el maletín dentro de aquel turismo.
- ¡Jopía!, un maletín. Acaso sea de fondos reservados…- pensó para sí un Patricio al que tanto acuciaban los números que era incapaz de ver otra cosa, sin reparar en que los maletines de fondos reservados han de ser, por ley, de color negro y en piel de nutria o marta y en algunas ocasiones, según de que tipo de fondos se trate, de ornitorrinco o lirón careto, y no amarillo como era el caso. Armando de los Migueletes, sociólogo ilustre, ha justificado este cromatístico error porque Patricio atraviesa un momento en el que lo ve todo muy negro.
La presión era asfixiante así que Patricio, hombre honrado que no había roto un plato en su vida, con el servicio militar cumplido, donante de sangre y de órganos, que paga sus impuestos y añora la televisión de antes, padre y esposo amantísimo y en consecuencia libre de toda enfermedad venérea, agarró una piedra, rompió el cristal del vehículo, cogió el maletín y salió bufando con el corazón en un puño, no parando hasta llegar a Talavera de la Reina.
En la penumbra de su carbonera, con su conciencia apuntándole junto con el dedo del Sagrado Corazón y la mirada de todo el equipo de fútbol del Talavera que tenía colgados en la pared, Patricio Más abrió el maletín.