La UE, el trabajo y la lotería. A vueltas con la jornada de 65 horas.

Tiempos modernos, por diegonavarro.org

Quisiera, queridos lectores, aclarar primeramente que la azarosa y cuasi histórica confrontación entre situación socio-laboral(*) y situación socio-resultar premiado en la lotería no debiera antojársele a nadie una relación antitética, antónima, dialéctica u hostil, por mucho que así pudiera parecerle a cuantos forman parte de ese muchísimo por ciento que reza cada mañana y cada noche (o pone la mente en blanco si es ateo) para que dicha dicotomía trabajo-lotería sea dinamitada por los bombos y reconvenida únicamente en dicha, ya sin lo que es la dicotomía.

Si rumiamos adecuadamente la cuestión, queridos amigos, nos daremos cuenta que sino fuera por el trabajo o situación socio-laboral, a ver de donde hubiera podido salir la fortuna que llevamos invertida en ilusión. Así pues, si han sido capaces de seguirme hasta aquí (yo me perdí ya en el segundo párrafo a la derecha), estarán en condiciones de afirmar conmigo que el trabajo, por ende, no es sino la verdadera fuente de nuestra ilusión. ¿Eh? ¿Quién ha dicho maniqueísmo? ¡Que lo he oído!

Bien, pues aquí es donde entra la UE, quien quiere potenciar nuestra ilusión hasta la extenuación. Así, si prosperan las tesis liberales que propugnan los británicos y sus aliados, curiosamente los antiguos países del bloque comunista, hoy se impondrá el llamado régimen (**) de “libertad de opción” u “opting out”.

No se alarmen, no es nada malo. Se trata únicamente, según nos cuentan, de una flexibilización del mercado. Flexibilizar no es algo peyorativo, de hecho, según el DRAE flexible es:

1) Que no se sujeta a normas estrictas, a dogmas o a trabas. Por ejemplo Ideología o legislación flexible.

2) Susceptible de cambios o variaciones según las circunstancias o necesidades. Por ejemplo horario o programa flexible.

No me digan que no suena de maravilla. Nada de dogmas ni trabas, horario y legislación flexible. Para que queremos más los trabajadores europeos.

Bueno, flexible tiene más acepciones. Si acaso las veremos un poco más adelante. Pero siguiendo con el tema que nos ocupa, de ser aprobada esta flexibilización por la UE implicaría además que la duración del tiempo de trabajo la pactarán “libremente” el empresario y el trabajador. Vamos de igual a igual. O lo que es lo mismo: igual la jornada laboral llega a las 60 horas, que igual llega a las 65.

Y aquí es donde cobran sentido las otras definiciones de flexible:

3) Que tiene disposición para doblarse fácilmente

4) Que en un enfrentamiento se pliega con facilidad a la opinión, a la voluntad o a la actitud de otro o de otros

¡Ah, acabáramos!, al que había que flexibilizar entonces era al trabajador(***). Vale, comprendido. ¿Ven? en cualquier caso ya nos habíamos vuelto a hacer ilusiones hablando del trabajo.

Y del compost que dejan estas ilusiones muertas germinan algunas preguntas (es el ciclo de la vida, como en El Rey León):

¿Europa es sólo un mercado, entonces? ¿Las personas o aspecto social (a secas) y su protección, no cuentan?

¿Se las debe componer sólo el individuo frente al empresario? ¿Es que no han visto Raíces? (La serie de Kunta Kinte)

Volviendo al tema de la revolución industrial ¿piensan contratar también niños con jornadas de 65 horas? Oye, pues tal vez sería la solución ideal para conciliar la vida profesional con la familiar.

¿Las leyes laborales deben ser estatales o europeas? (En España todos los grupos parlamentarios dieron la espalda unánimemente al opting out en el Congreso).

¿Se ampliaran también a 65 horas las jornadas en los juzgados? Porque si llega a producirse tal sinrazón deberíamos saturar los juzgados más que el “Aquí hay tomate”. (Los médicos ya denunciaron este tipo de situaciones ante los tribunales y les están dando la razón).

¿Qué debería preocuparnos más, el informe que indica que quienes “trabajan más de 60 horas semanales, y quizá más de 50, tienen un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular” o el que dictamina que “el exceso de jornadas superiores a las 48 horas, reduce la satisfacción laboral y aumenta significativamente el riesgo de problemas de salud mental”? (ambos realizados por encargo de los sindicatos británicos TUC).

En fin que no les quiero entretener, que tendrán ustedes trabajo. Si buscamos el lado bueno de las cosas, de aprobarse esto del opting out no volverán a hacerse más horas reales de trabajo que las que marquen los contratos. Se acabó el hacer horas de más. ¿Qué por qué? Pues por una simple razón aritmética. No le quedarán más horas al día para trabajar.

Eso sí, esperemos que tengan a bien reconocernos a los trabajadores una especie de permiso semanal de cinco minutos (aunque sea no retribuido) para poder salir a echar el boleto de lotería.

(*) En un futuro no muy lejano no se dirá socio-laboral sino sólo-laboral

(**) Que connotaciones más negativas tiene este vocablo ¿verdad?

(***) ¿El tema “Se nos rompió el trabajador de tanto flexibilizarlo” era de Rocio Jurado?

Foto: Tiempos modernos, tomada de diegonavarro.org

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La cuestión vasca y la última grabadora made in taiwan

15:00 p.m. Movido no tanto por un ansia irrefrenable de saber como por la intemperante recomendación de su excelencia, el redactor jefe, de hacerlo o de ser molido a palos en su defecto (posibilidad no legal del todo en este momento, pero que de ser reconocida en el próximo convenio, lo sería con carácter retroactivo), nos lanzamos aventurados a la calle un servidor y mi compañera, la última grabadora made in Taiwán, con el ánimo henchido cual pechuga de pavo real, una vez fileteada, debidamente salteada, sazonada y ya deglutida. Y no es para menos. Mi último escarceo en la redacción me había dejado en peor lugar de lo que ya estaba. Quizá tendría que haberme moderado un poco, en vez de haber entrado a gritos con la que prometía ser la gran exclusiva del siglo. En fin, quien me iba a decir que aquella noticia de que el Papa llevaba una doble vida, como fontanero, marido y padre de cinco hijos, sin que ni su mujer, ni sus vástagos sospechasen nada de su papado, no era más que uno de esos malignos rumores generados en la red. De haber sido cierto hubiera sido la más extraordinaria noticia desde que Superman aceptó mandar a la papelera de reciclaje sus superpoderes, para hacerse de carne y hueso por y para la intrépida eterna aspirante al Pulitzer, Lois Lane. A lo que vamos, que me ha dado otra oportunidad y no puedo desaprovecharla.

Los ecos del berrido del jefe todavía me sacuden desde el córtex cerebral hasta el corte de la fimosis. “¡¡¡ Eh tú, escribe algo a propósito de la candente autodeterminación del País Vasco o muérete”. Consigo poner mi mente en blanco salvo por su efigie, la del jefe, siempre sobreimpresa en mi pensamiento a modo de fondo de escritorio, incluso en los momentos de perentoria autosatisfacción. Ordenar mis ideas al respecto de la temática designada me resulta bastante sencillo pues no tengo ninguna. Debería comenzar por el principio. Un buen diccionario.

Autodeterminación: f. Decisión de los pobladores de una unidad territorial acerca de su futuro estatuto político.

Y ahora debería seguir por buscar decisión, pobladores, unidad, territorial, futuro, estatuto, político, candente, país y vasco, pero no tengo ni tiempo, ni ganas. Me decanto por la calle, que es donde deben estar la noticia y, por ende, el periodista, y que es donde acabaré sine die si no consigo poner a flote este proyecto. Decido filtrar un muestreo universal al azar y lanzarme a degüello, a ver si saco algo en claro. Mira, por ahí va una señoruca la mar de maja, aprovechando su avanzado estado de vejez, a por ella que me voy. No podrá huir.

– (EGO) Disculpe señora, es sólo un momento, podría responderme a unas cuestiones muy sencillitas para la revista Maravilhion, si es tan amable.
– (SEÑORA) Hombre es que voy con un poco de prisa, tengo hora en la peluquería sabe usted. ¿De qué se trata, dígame?
– (E) Primero, ¿le importaría decirme su estatus actual?
– (S) Pues soy ama de casa jubilada, aunque sigo ejerciendo por hobby. Bueno y también soy intelectual.
– (E) Muy bien, ¿Qué opinión le merece la autodeteminación del País Vasco?
– (S) Ah, que cuestión más candente, por Dios. Bien pues le diré a sus lectores…perdone, ¿para qué publicación me dijo que era?
– (E) Para la revista Maravilhion.
– (S) No he oído hablar de ella en mi vida…
– (E) Claro, desde el Antiguo Régimen habrá oído tantas cosas que a lo mejor no se acuerda de todas…
– (S) ¿Perdone?
– (E) La perdono. Continúe, por favor.
– (S) Bueno pues quizá sus lectores agradecieran una contextualización, si bien somera, sobre la res histórica del tema ¿no?
– (E) ¿Einch?
– (S) Verá usted, debiéramos retrotraernos al último tercio del S. XIX, que es cuando surge entre los vascos una corriente de federalismo propiciada por la reciente supresión de sus fueros. El federalismo, como confluencia entre pacto y autonomía, era la fórmula más natural de conectar con la tradición histórica de los países vascos y sus fueros. De ahí que se teorizara abundantemente en este terreno. Luego, en medio de esto, y bajo la nebulosa romántica que venía convulsionando buena parte de Europa, llega un vasco pero que muy apasionado, Sabino Arana, considerado padre del nacionalismo vasco y fundador de EAJ-PNV. Arana rompe con esta tradición histórica y con una varita mágica que debía tener, se saca de la txapela un dogma nacionalista, con un pasado de independencia de España que pudiera justificar un futuro de independencia e impulsa poderosamente un fuerte sentimiento antiespañolista sobre el que cimienta sus tesis nacionalistas. Y, claro, aquí una no puede por menos que preguntarse que, si nunca tuvo el País Vasco lazo confederativo o de unión alguna con la Corona de España, ¿Quién le refrendó entonces los fueros sino lo hizo la Corona?

– Me va usted a permitir que le responda a su pregunta, señora. ¿O debo decir señorita?

Esta última intervención con visos de coqueteo se la debemos a un espontáneo, coetáneo de la señora conferencianta, que no se conforma con interrumpirla a ella, sino también la ingrávida fase de pupación en la que principiaba a sumirme, amén de obligarme a improvisar una pregunta sobre la marcha.

– (E) ¿Y usted quién es?
– (Espontáneo) Dicoflenaco García. Ex-extraperlista. Bueno a estas alturas ya casi ex -todo, je je je. Siento haber interrumpido, pero es que estaba tocando usted un tema tan candente, que no he podido evitarlo.
– (S) Siga usted, caballero, con su exposición. Ardo en deseos de conocerla. Por cierto soy Señora, pero con los mismos vicios de una Señorita.
Estoy de suerte. La señora/señorita se acaba de adjudicar el papel de moderadora; y parece que con la llegada de este señor tan dicharachero y sus mutuos devaneos, va para rato. Esto ya es trabajo para la grabadora. Ahí me las den todas, el chiki chiki se baila asín, uno el…
– (Espontáneo) Muy señora mía, los fueros son unas leyes de tipo general, que estos territorios vascos se dieron a sí mismos, en un momento histórico en el que gozaban de gran autonomía. Estos fueros estaban compuestos por un conjunto de normas, tanto de Derecho público como de Derecho privado, que servían para regular la administración de las Provincias Vascas y de Navarra. El origen de estos Fueros fue consuetudinario, se formaron por el cúmulo de usos y costumbres que obedecían a una peculiar forma de pensar y sentir. Los tres territorios que conforman la Comunidad Autónoma Vasca (Bizkaia, Gipuzkoa y Alava), que entraron en la historia con tales nombres en el transcurso del siglo VIII, fueron incorporados a la Corona de Castilla a partir del año 1200 conservando sus instituciones tradicionales. De esta manera, los reyes o señores juraban acatamiento a los Fueros y reconocían a estas comunidades sus derechos de zona franca, exenta de impuestos a la corona, la liberación del ejercicio de las armas ‹salvo en defensa de su propio territorio‹ y el respeto a su libre organización interna. A lo largo del siglo XIX, entre eliminaciones parciales y restauraciones incompletas, el pueblo vasco fue perdiendo las peculiaridades que le habían caracterizado, culminando este proceso con las derrotas militares que supusieron las tres guerras carlistas.
Esta abolición de los fueros afectó profundamente a las tradiciones y a los sentimientos de los vascos. Si no se hubieran cometido aquellos lamentables errores, hoy no existirían entre los vascos sentimientos nacionalistas. Los alaveses, los guipuzcoanos y los vizcaínos siempre se sintieron satisfechos vinculados a la Corona, a través de los Pactos que hicieron con los reyes. Porque así fue posible –hasta que comenzaron los recortes forales–, la convivencia pacífica y la colaboración de los territorios vascos con el resto de España durante tantos siglos de historia común.

– (S) Estimado caballero, impecable exposición la suya, a la que únicamente cabe añadir que el pacto foral solo pudo tener sentido bajo una monarquía absoluta, con todos los poderes concentrados en un solo ser humano si bien en estrecho contacto con la divinidad. Admitamos que aquellos eran otros tiempos y que, como dice el eminente jurista vasco Adrián Celaya Ibarra, hoy este planteamiento foral no es sólo anacrónico sino impresentable. Desde 1979 existe un Estatuto Vasco, formulado definitivamente de común acuerdo entre la Asamblea de parlamentarios vascos y la Comisión institucional del Congreso y consentido en referéndum por el pueblo vasco. El Estatuto Vasco reconoce que Euskadi es una nacionalidad. Lo que hace al Estatuto del País Vasco distinto a los demás no es el número de las competencias transferidas -o que se pueden transferir, pues el proceso aún no ha sido completado- sino el hecho de que, a la vez que en el ordenamiento constitucional, la autonomía vasca se fundamenta en la foralidad histórica, reconocida en la Constitución española. A partir de este supuesto, el País Vasco, además de recibir competencias plenas sobre educación, obtiene un procedimiento de financiación exclusivo basado en una actualización de los Conciertos Económicos establecidos tras la abolición de los Fueros en 1876, que se mantenían en Álava y Navarra pero habían sido derogados en Guipúzcoa y Vizcaya por el régimen franquista al finalizar la Guerra Civil. Igualmente, el Estatuto permite la formación de una policía propia, la Ertzaintza, con vocación de policía integral y desplegada por todo el territorio. Por último, es también una cierta visión de la foralidad la que lleva a constituir una organización territorial especial, en la que las Diputaciones Forales tienen tantas atribuciones que entran en ocasiones en conflicto con el Gobierno Vasco. Ninguna ley posterior, sea orgánica o no, puede tener validez frente a los Estatutos, que sólo se deben supeditar a la Constitución. En este sentido tiene un funcionamiento similar al de una Unión Federal.
– (Es) Si no fuera por algún detalle insignificante de, acaso omisión demagógica, acaso pretensión falaz, que se le olvida a usted mencionar…Como que por ejemplo cada Estado Federal tiene su propia Constitución, que el propio Estado promulga y modifica. Mientras que el Estatuto de Autonomía, que no Constitución, exige una aprobación de las Cortes Generales, con el consiguiente carácter de concesión del Estado Central. Con la mayor parte de los Estados Federales, el Estado de las Autonomías se diferencia por su origen. No nace por la agrupación de Estados libres que se asocian para fines comunes cediendo voluntariamente parte de sus competencias, sino de un único Estado, fuertemente centralizado, que se desprende de una parte de sus competencias a favor de unos entes territoriales que nacen y a los que se denomina Comunidades Autónomas. Esta diferencia tiene enormes consecuencias prácticas.
– (S) Tiene usted razón. No era mi intención comparar inocentemente Estado de las Autonomías y Unión Federal. Perdón, si así se lo ha parecido. Sólo me refería a que la constitución de los Estados Federales está supeditada únicamente a la Constitución Federal, al igual que le ocurre al Estatuto con la Constitución. Pero volviendo de nuevo al profesor Celaya, uno de los más importantes estudiosos e investigadores del derecho Vasco, no debemos dejarnos llevar meramente por la cuestión nominal de fuerismo, federalismo o estatutismo, pues lo importante no son las palabras sino su real contenido. Podría sorprendernos los límites de autonomía que podrían alcanzarse con cualquiera de las tres formulas, del mismo modo que, por el contrario, cualquiera de ellas podrían encubrir un fuerte centralismo. De hecho, mientras los Estados Federales suizos conservan un altísimo nivel de independencia, por ejemplo, hay Estados Federados alemanes que tienen menos autonomía que el País Vasco. O, sin irnos más lejos, otro ejemplo de menor autonomía frente al País Vasco está en la propia Cataluña. Es evidente que la nacionalidad vasca existe por sí misma antes que la Constitución, aunque no estuviera organizada políticamente. Y precisamente ante esta falta de organización, la Constitución de 1978 hizo pesar la voz de la Comunidad Autónoma, a la que permitió expresarse por sus Corporaciones, por sus parlamentarios y finalmente por referéndum. Es muy importante subrayar, de nuevo, que el Estatuto tiene por tanto carácter bilateral o pactado.
– (Es) Parece tener usted en un altar al Estatuto, pero no es precisamente un dechado de virtudes técnicas. Son muchos los que opinan que es un Estatuto de mínimos que debería haber sido superado ya, pero la arraigada tradición centralista hace que el Estado, asentado sobre una fuerte burocracia central, se aferre a sus viejos poderes, por lo que el simple desarrollo y puesta en marcha de los Estatutos encuentra gran resistencia. El texto del Estatuto tiene que esperar un desarrollo lento y difícil en la esfera de las transferencias. Esto hace todo más complejo y desesperanzador, claro.
– (S) Dicoflenaco, debemos mirar el Estatuto como fruto del momento que es. No olvidemos que había habido un Estado centralizado a cal y canto. En medio de las grandes dificultades en que se produjo, no se puede pedir además perfección técnica de la norma. Sin embargo, si es destacable su tremenda voluntad de buscar soluciones y abrir caminos a través de pactos y consensos. Y si para muchos fue un Estatuto de mínimos, para otros fue demasiado lejos en la concepción de la Autonomía, complicando bastante su puesta en marcha. Hoy, una buena parte del Estatuto ya está desarrollada. Yo creo que ha de continuarse el esfuerzo de completar su desarrollo y entonces se verá si falta o si sobra. De momento el Estatuto nos llevó del absoluto centralismo, a lo que comentaba antes de una mayor autonomía que algunos Estados Federales europeos.
– (Es) Entonces señora…
– (S) Me llamo Josefa, pero puede llamarme Josefa.
– (Es) Muy bien, Josefa, déjeme decirle que no la veo a usted muy partidaria de la autodeteminación…
– (S) No es verdad. Yo soy partidaria de desarrollar cuantas posibilidades nos de el marco legal, que es al que estamos sometidos todos. Las reglas de todo juego, vamos.
– (Es) Pero la Constitución no contempla la autodeterminación…
– (S) Lo cual no es incompatible con que unas mayorías políticas producidas en este marco de pluralidad nacional puedan dar a una Comunidad la oportunidad de opinar en determinado momento. Y se puede apostar por el autogobierno sin que sea imprescindible modificar la Constitución. Ha habido un recorte del desarrollo institucional a través de leyes orgánicas, leyes de bases, competencias no respetadas, etcétera. Restituyendo lo que se ha quitado, por ejemplo, se aumentaría el autogobierno sin tocar la Constitución.
– (Es) Ya, pero el gran problema es el País Vasco, o Cataluña, articulados dentro de la democracia española. La reforma constitucional siempre seria necesaria para que estas dos colectividades sean tratadas específicamente como naciones minoritarias. Especialmente, en el ámbito simbólico: representación internacional, selecciones deportivas, regulación de himnos y banderas, etcétera. En el actual marco constitucional hay más espacio para el autogobierno que para el reconocimiento.
– (S) Creo que algunos de estos temas de reconocimiento también tienen cabida en la actual Constitución. La representación exterior, por ejemplo. No hay ningún precepto constitucional que impida que el portavoz de la representación española en alguna comisión de ministros de la Unión Europea sea un portavoz de las comunidades autónomas. La Constitución actual permite mucho mayor margen de maniobra del que se ha usado. Tanto la Constitución como el Estatuto, una vez desarrollado en su totalidad, dejan abiertas diversas vías para seguir ampliando la autonomía. Civilizadas y democráticas, eso sí. Además, cuando hay voluntad política, la interpretación se hace en un sentido creativo. Si hace veinte años se hubiese planteado la supresión del servicio militar obligatorio, ¿no se hubiera dicho que era contrario a la Constitución? Y, sin embargo, se hizo sin que nadie planteara la necesidad de reformar el artículo constitucional que se refiere a la prestación del servicio a la patria. La Constitución no prevé el principio de autodeterminación, es verdad, pero también hay que decir que hoy en Europa la autodeterminación no significa lo mismo que hace cincuenta años. En el momento en que una parte importantísima de los símbolos de un Estado tradicionalmente asentado -la moneda, las Fuerzas Armadas e incluso la justicia- ya no son exclusivas de los Estados de la Unión Europea, ¿qué ha pasado? ¿Qué se ha autodeterminado Europa? Volvemos a la cuestión nominal. Amigo mío, las grandes palabras, que normalmente se cultivan con más intensidad cuando hay conflictos violentos, a veces no dejan ver la realidad.
– (Es) Desde luego, Josefa, hoy todas las soberanías son limitadas y compartidas. Pero los distintos centros de gravedad nacional que se dan en una democracia deben resolver un problema general: una democracia y varios pueblos. ¿Sirve el derecho de autodeterminación para esto? Yo creo que no. Es demasiado impreciso. A mí me parece muy interesante la opinión de la Corte Federal de Canadá que ha regulado el derecho de autodeterminación en términos federales. Ha prohibido que Québec pueda secesionarse de Canadá por una decisión unilateral. Pero también ha prohibido que si una mayoría de Québec está por la separación, el resto de Canadá pueda impedirlo en último término. Esta regulación coloca la autodeterminación en términos de reglas del juego pactadas en igualdad entre todas las partes.
– (S) En cualquier caso, Dicoflenaco, coincidirá usted conmigo en que…
– (Es) Tutéame, por favor, Josefa…
– (S) Bueno, je, je… coincidirás conmigo en que, que el País Vasco – y Cataluña- ya se están autodeterminando -lo reconozca o no la Constitución-, es un hecho que se ve mirando el sistema de partidos. No sólo porque haya partidos nacionalistas, sino porque los partidos de izquierda, sobre todo los catalanes, por ejemplo, también son de algún modo distintos de sus correspondientes estatales. Esto es reflejo de una sociedad que tiene capacidad de autodeterminarse en una dirección, independientemente de que un día se haga una consulta o no.
– (Es) ¡Pero habrase visto!
– (S) ¿Qué ha pasado?, ¿Qué he dicho?
– (Es) El badulaque este de la grabadora, ¡pues no se ha quedado dormido! Vaya forma de roncar.
– (S) Y menudo charco de babas, ¡Virgen santísima!
-(Es) Ea, ¡despierta zascandil!
– (S) Déjalo, déjalo. Se le ve tan a gusto al pobre. Debe estar muy cansado, seguro que trabaja mucho.
– (Es) Oye Josefita, ¿Qué te parece si nos vamos tú y yo a jugarnos unos cartoncitos al bingo…?
– (S) ¡Venga! Ya iré a la peluquería mañana.
– (Es) ¿Peluquería? Pero si llevas un peinado chipilerendi.
– (S) Pero ¿no le robaran a este hombre su grabadora?
– (Es) ¿Esa antigualla? Pero si debe pesar un quintal. Y con lo que chirría. Anda, agárrate a mi brazo y vamos a independizarnos tú y yo…Si seguimos un poco más con este coloquio al final nos ponemos de acuerdo ¿eh?…
– (S) ¡Anda, palomo ladrón!
20:45 p.m. Me despierto. Debo haber estado sobando casi tres horas. Vaya carrete que tenían estos vejetes. Bueno, recabo dos o tres testimonios más y lo tengo hecho. De esta me ascienden. Un momento, espera. No llevo mis zapatos puestos. Ni los calcetines. Ni el reloj. Ni las gafas, ni la gorra, ni el móvil. ¡Me han limpiado!, joer, por lo menos no han visto mi diente de oro…¡ni la grabadora!. Buff, menos mal, sigues aquí. Muaaac. Voy a rebobinar, a ver que tal han quedado los testimonios de matusalén subuno y matusalén subdos:
– Racaracaoinkarfaggsisisigueeeguuuuuyyyyyahahahahaaaaahyayayaa
20:50 p.m. Me cago en la leche. Por equivocación he cogido la cinta de Mari Trini adquirida en la estación de servicio de la Venta del Olivo, venida a cinta virgen con dos trocitos de celofán convenientemente adheridos, y que está tan trillada que el sonido resulta ininteligible. Esta cinta, la dediqué tradicionalmente a grabar las orgías que se montaban los sábados los vecinos del tercero. A ver, necesitaba contrarrestar la sobreimpresionante presencia de mi jefe en los perentorios momentos. En fin, pues va a ser que no voy a volver por la redacción. Actualizaré mi currículo y acudiré de nuevo a la puerta de la Academia a repartirlo y a esperar.

Bibliografía:

Adrián Celaya Ibarra. Significado y posibilidades del Estatuto Vasco.

Pensamiento Crítico: Javier Villanueva –Federalismo, nacionalismo y autodeterminación en el País Vasco.

LOS VASCOS EN LA HISTORIA DE ESPAÑA por Juan Antonio de Ybarra e Ybarra.

El País. Ensayos: Estado compuesto y cultura federal
BBC Mundo

HISTORIA DE LOS VASCOS. Wikipedia.