El retablo de las maravillas

Enviado especial a provincias.

Si a uno le vendaran los ojos para traerle hasta aquí, sin saber a donde, podría ser su primera impresión al abrirlos, encontrarse en la sede misma de Naciones Unidas. Principalmente por su ambiente cosmopolita, con personalidades llegadas de los cuatro puntos cardinales y más allá, que algunas incluso parecen trascender lo terrestre, así como por el innumero cuadro cromático que conforman tan coloridas enseñas ondeando al viento, banderas multi quien sabe si culturales.

De repente, una agradable brisa fresca se levanta para ventilar los dejes de ajo arriero y chistorra que desde que llegara, me tenían secuestrada la pituitaria, el tránsito respiratorio y con él, el sentido. Se hace un silencio solemne que augura algo, importante, inolvidable, trascendente, como si un eclipse total o una explosión nuclear fueran a acontecer. Entonces sale a la escena el maestro, sobrio, sencillo, natural, seguido por sus discípulos. El silencio se rasga, como dos milenios antes lo hiciera el velo del templo ante otro maestro; un trueno universal retumba aunando al tiempo ecos de desesperación y de esperanza. Y sin que se conocieran precedentes hasta la fecha, a continuación del trueno ha venido luego el rayo, en cascada, electrizante y deslumbrante. Los cientos de miles de bragas que antes ondeaban descargaron sobre la arena, sepultando consigo a dos de los subalternos, que tras ser rescatados, registraron, por ventura, politraumatismos de signo moderado.

De lo que a continuación acontece, resulta difícil encontrar palabras con que describir. Acaso toros y bragas o si no bragas y toros puedan valer para, a vuelapluma, pergeñar algunos brochazos del, en dos palabras, increíble retablo reservado unicamente para las afortunadas que aquí hemos sido. Y digo bien afortunadas, porque amén del maestro y sus discípulos, el único representante no bragado era un servidor, quien para recibir acreditación se ha tenido que pertrechar de fémina, a la inversa de cómo hicieran en tiempos del otro maestro, tocayo de este, por cierto, aquellas que querían asistir activas, a los eventos de arrojamiento, siendo en aquel entonces más aventurado para los subalternos por tratarse de lapidamientos con piedras.

En el epígrafe de datos, la organización nos confirma solícita que nueve mil señoras, señoritas y señoronas han sido hoy las que se han personado aquí, en la plaza de toros de aranjuez, para contemplar para ellas solas y de balde al maestro Jesulín de Ubrique. Destacan también que en el acto ha predominado la braga de mercadillo con un 64 %, frente al 32% de la Princesa y un escaso 3% de la Calvin Klein, algo que para los más puristas puede significar un cierto alivio.

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